Jorge Rosas

A 39 días de haber fallecido el ser al que más he amado en esta vida, mi mamá (María Elena Lara Ponce), me he atrevido a escribir unas líneas para expresar mi pesar por su partida.

Doña Nena, como la conocía todo mundo en la colonia o Nena Lara, como la conocían sus compañeras de trabajo. Fue para mi el ser más importante que ha existido en la tierra. Su partida deja una herida que nunca podrá sanar, pero resignados a su ausencia encontramos refugio en las letras donde cada día, a trvés de ellas, daremos lo mejor en su memoria.

Siento que no fue suficiente lo que yo hice por ella durante los 46 años que me dejó Dios disfrutar de su calor de madre. Pero me queda el consuelo de que simpre fui el que estuvo a su lado en los momentos más felices, pero también en los más amargos como fue la partida de mis abuelos Ines y Clarita; pero el más amargo de todos fue la muerte de su compañero de toda la vida, mi papá, Plutarco Rosas Rodríguez.

En sus enfermedades, todos los hermanos nos conjuntabamos para hacer el mayor de los esfuerzos para sacarla de ese sufrimientos que por tantos años arrastró con ella. No fue suficiente. Dios ya la quería a su lado y como buen católico la dejo en sus manos.

María Elena Lara Ponces

Descanse en paz.